- Advertisement -spot_img
- Advertisement -
- Advertisement -spot_img
HomeEmocionesDejar ir para dejar entrar

Dejar ir para dejar entrar

- Advertisement -spot_img
- Advertisement -

Por Alison García
Psicóloga Clínica

Dejar entrar a alguien nuevo no es tan simple pues de tras de todo ese proceso conlleva soltar muchas cosas. A veces, parece más como abrir una herida que ya había empezado a cicatrizar. Implica quitar capas de defensa, correr cortinas que uno puso para protegerse de la luz, del viento, o incluso del recuerdo de lo que antes dolía. Pero también significa permitir que algo distinto ocurra: una posibilidad.

He aprendido que abrirme a alguien nuevo no empieza con la otra persona. Empieza conmigo. Empieza en el momento en que me siento y reconozco todo lo que soy: mis cicatrices, mis silencios, mis sueños que aún tiemblan, mi historia y sus fortalezas. Porque si no me acepto yo primero, si no hago las paces con mi pasado, cualquier nuevo intento va a parecer una amenaza en lugar de una oportunidad.

Dejar entrar a alguien es confiar, y confiar es un riesgo con un miedo inmenso. Es mostrarte sin garantías de ser comprendida, de ser cuidada. Es abrir la puerta sin saber si van a querer quedarse. Significa que, a pesar de todo, sigo creyendo que hay personas que valen la pena. Que puedo compartir quien soy sin perderme. Que aún hay espacio en mi vida para lo nuevo, para lo desconocido, para lo que no controlo.

No se trata de hacerlo todo perfecto. Se trata de ser honesta. De decir: “Esto soy, esto he vivido, esto me da miedo, pero también esto me ilusiona”. Se trata de ir despacio. Porque nadie tiene que entrar corriendo. A veces hay que invitar con calma, que observen un poco, que respiren el ambiente antes de cruzar del todo. Porque no se trata de llenar un vacío, sino de compartir lo que ya soy.

Sugerimos: Volver no es empezar de cero

También he comprendido que no puedo dejar entrar a alguien si estoy aferrada a lo que ya no está. Si mi mente y mi corazón siguen enredados en una historia pasada, lo nuevo nunca tendrá espacio real. Así que, para dejar entrar, a veces hay que dejar ir. Soltar lo que dolió, lo que no fue, lo que uno quiso forzar. No con rencor, sino con respeto. Con amor por lo que fue, y con amor propio por lo que merezco ahora.

Para dejar entrar a alguien, necesito escucharme. Saber lo que quiero. Qué tipo de energía quiero cerca, qué tipo de conversación y con que personas te quieres rodear. No todo el mundo merece entrar. No todo el mundo es para quedarse. Pero sí hay personas que llegan con la mente lista para esto, con palabras que suman, con acciones que no prometen, pero que se sostienen.

Dejar entrar a personas nuevas también es una elección. Y estoy aprendiendo a elegir mejor. A abrir la puerta, no porque me falte algo, sino porque tengo tanto dentro que quiero compartirlo con quien sepa verlo, con quien también tenga algo que ofrecer. No algo perfecto. No algo eterno. Pero sí algo real.

- Advertisement -
- Advertisement -spot_img
Redes sociales
34,032FansLike
Lo más leído
- Advertisement -spot_img
- Advertisement -
- Advertisement -
Notas relacionadas
- Advertisement -
- Advertisement -