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Prevención de conductas de riesgo en la adolescencia

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Por Alison García
Psicóloga Clínica

La adolescencia es una etapa marcada por cambios constantes, así como es físicos, emocionales y sociales. Es el momento en que los jóvenes comienzan a buscar su identidad, su independencia y la aceptación de sus pares o iguales. Sin embargo, este proceso es normal y puede llevarlos a experimentar conductas de riesgo que comprometen su bienestar físico y emocional. Entre ellas se encuentran el consumo de alcohol, tabaco y drogas, las relaciones sexuales sin protección, la interacción peligrosa en redes sociales, la violencia y la conducción imprudente.

El comprender por qué estas conductas son más frecuentes en esta etapa, primero debemos entender el desarrollo neurológico. El cerebro adolescente aún no ha completado su maduración, especialmente en la corteza prefrontal, que es la encargada de la toma de decisiones y el mismo autocontrol. En cambio, el sistema límbico, que regula las emociones y la búsqueda de placer, está más activo. Esto explica la tendencia a la impulsividad y la atracción por experiencias nuevas, sin medir siempre las consecuencias.

Por otro lado, también influyen factores como la presión social, la baja autoestima, la falta de habilidades emocionales o un entorno familiar poco contenedor o un círculo afectivo en el que se perciba seguro. Por eso, la prevención no se basa únicamente en prohibir, sino en acompañar, educar y generar entornos protectores.

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Algunos puntos importantes para rescatar es el vínculo afectivo sólido pues los adolescentes que se sienten escuchados y apoyados en casa tienen menos probabilidades de involucrarse en conductas peligrosas o delictivas. La comunicación abierta y sin juicios como hablar sobre temas de drogas, sexualidad y redes sociales de manera clara y respetuosa crea confianza al mismo tiempo que una autoridad protectora.

Hay que dejar límites claros y coherentes ya que la libertad debe ir acompañada de reglas explicadas y consecuencias justas con cada acción. Las habilidades socioemocionales enseñan a manejar emociones, resistir la presión de grupo y resolver conflictos sin violencia.
El tener un modelo positivo se refiere a que los adultos deben predicar con el ejemplo; no se puede exigir responsabilidad si no se practica.

Señales de alerta

Son los cambios como aislamiento, mentiras frecuentes, bajo rendimiento escolar o alteración repentina del grupo de amigos. Estos pueden ser indicios de que el adolescente enfrenta dificultades que lo llevan a conductas riesgosas. Ante estas señales, lo más adecuado es acercarse con empatía y, si es necesario, buscar ayuda profesional.

La prevención de conductas de riesgo en la adolescencia no se logra con control excesivo ni con miedo, sino con un acompañamiento cercano, confianza y educación emocional. Cuando los adolescentes se sienten comprendidos y cuentan con herramientas para tomar decisiones, disminuyen las probabilidades de poner en riesgo su salud y su futuro.

Educar no es prohibir, es enseñar a elegir de manera responsable, recuerda que a quien no le prohíbes e informas, ayudas y guías, experimentará y recabará información para su crecimiento de forma sana, responsable y empática con el mismo y con otros.

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