Por Alison García
Psicóloga Clínica
Desde que nacemos, los seres humanos buscamos conexión, protección y afecto. Esa necesidad natural de cercanía es lo que conocemos como apego ya que venimos sin armas para mantenernos vivos por nuestra propia cuenta. La forma en que los cuidadores responden a esas necesidades en la infancia tiene un impacto duradero en nuestra forma de sentir, amar, confiar y relacionarnos, y al crecer es como lo llevamos a cabo con nuestras futuras relaciones.
El apego es el vínculo emocional profundo que se forma entre un niño y sus figuras de cuidado principales (por lo general, los padres) que son sus cuidadores. Este lazo no solo influye en la seguridad emocional del niño, sino también en su autoestima, sus habilidades sociales y la forma en que enfrentará el mundo en la adultez.
Tipos de apego:
Apego seguro
El niño confía en que sus cuidadores estarán disponibles cuando los necesite, al igual que siente amado, protegido y valorado.
De adulto suele formar relaciones sanas, confiar en los demás y manejar bien el estrés como consecuencia de este apego sano y mediado por sus cuidadores principales.
Apego ansioso (inseguro-ambivalente)
El cuidador es inconsistente: a veces responde, a veces no. El niño se vuelve muy dependiente o temeroso de ser abandonado.
De adulto puede volverse inseguro, celoso o necesitar validación constante.
Apego evitativo (inseguro-evitativo)
El cuidador es frío o rechaza las necesidades emocionales del niño y el niño aprende a “no molestar”, reprime emociones o se aísla.
De adulto: puede evitar la intimidad, ser distante o poco empático.
Apego desorganizado
El niño vive en confusión y miedo, muchas veces por negligencia o abuso y por la misma razón no sabe si acercarse o alejarse.
De adulto: puede desarrollar conductas contradictorias, dependencia emocional, trastornos de personalidad.
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Estilos de crianza y su relación con el apego
La forma en que los padres crían tiene un papel fundamental en el tipo de apego que se forma. Según Diana Baumrind, existen cuatro estilos principales:
Autoritativo (positivo y equilibrado)
• Alto control + alta calidez
• Establece límites claros, pero con afecto y diálogo.
• 🟢 Relacionado con apego seguro.
Autoritario (estricto y frío)
• Alto control + baja calidez
• Usa castigos, exige obediencia sin explicar.
• 🔴 Relacionado con apego evitativo o ansioso.
Permisivo (demasiado indulgente)
• Bajo control + alta calidez
• Mucho afecto, pero pocos límites.
• 🟠 Puede generar inseguridad o dependencia emocional.
Negligente (ausente o indiferente)
• Bajo control + baja calidez
• No hay atención ni guía emocional.
• 🔴 Altamente relacionado con apego desorganizado.
El tipo de apego y crianza que experimentamos de niños influye en cómo nos relacionamos en la adultez: cómo elegimos pareja, cómo criamos a nuestros hijos y cómo gestionamos nuestras emociones. Pero lo más importante es saber que el apego no es un destino fijo: con conciencia, apoyo y terapia, podemos sanar vínculos y criar de forma más saludable.
“No se trata de ser padres perfectos, sino de ser suficientemente buenos, presentes y emocionalmente disponibles.”
información rescatada de https://iastate.pressbooks.pub/parentingfamilydiversity/chapter/chapter-1-2/







