Por Alison García
Psicología Clínica
Estamos en una actualidad llena de lo digital en la que las pantallas están presentes en casi todos los aspectos de la vida cotidiana. Desde temprana edad, los niños tienen acceso a dispositivos como tabletas, teléfonos móviles, televisores y videojuegos, etc. Aunque esto puede ofrecer beneficios en cuestión de aprendizaje y entretenimiento, también han causado preocupación para padres, educadores y profesionales de la salud mental.
El desarrollo cognitivo durante la infancia es fundamental, ya que es donde las bases para habilidades como el lenguaje, la atención, la memoria y la resolución de problemas se construyen. Uno de los riesgos más mencionados es el déficit de atención, ya que el contenido digital tiende a ser muy estimulante y esto puede dificultar que los niños desarrollen tolerancia a la frustración, pensamiento crítico o capacidad de espera. Además, la exposición constante a pantallas, sobre todo antes de los 5 años, se ha asociado con un retraso en el desarrollo del lenguaje, pues sus retos ante estímulos por medio de los 5 sentidos se limitan y pasan de su interés. Esto en efecto se debe, en parte, a la reducción del tiempo de interacción verbal con adultos, otros niños o desenvolvimiento en escenarios donde su inteligencia sea desafiada.
El uso de pantallas también puede tener efectos importantes en el mundo emocional del niño. Si bien algunos contenidos ayudan a identificar y expresar emociones, la sobreexposición puede generar dificultades en la autorregulación emocional. Por ejemplo, muchos niños utilizan dispositivos para distraerse cuando se sienten tristes, aburridos o ansiosos y cuando crecen le es complicado poder gestionarlos de otra forma más saludable y eficiente para su resolución de problemas.
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Además, existe evidencia de una relación entre el uso intensivo de pantallas y síntomas de ansiedad, irritabilidad e incluso depresión en edades tempranas. El contenido violento o inapropiado también puede incrementar los niveles de estrés y miedo, especialmente si no hay una supervisión adulta adecuada. Por otro lado, el uso de redes sociales en preadolescentes y adolescentes ha sido relacionado con una mayor vulnerabilidad a la comparación social, baja autoestima y dependencia de la validación externa pues como todo siempre cruza la línea de pertenencia a sus iguales.
La interacción social es esencial en los primeros años de vida. Los niños aprenden a comunicarse, compartir, cooperar y resolver conflictos a través del contacto directo con otros de forma más inmediata como la imitación. El uso excesivo de pantallas puede interferir con estas oportunidades, reduciendo el tiempo de juego libre y de interacción cara a cara pues como lo he dicho antes los niños son como esponjas y las pantallas permiten una imitación poco saludable.
Si bien las tecnologías digitales ofrecen oportunidades de aprendizaje y entretenimiento, su uso excesivo y no supervisado puede afectar negativamente el desarrollo cognitivo, emocional, social y físico del niño. La solución no está en prohibirlas, sino en educar a niños, padres y educadores para permitirlas de manera saludable en la vida diaria.
Información de apoyo https://www.crianzacontigo.com/padres-hijos-y-pantallas-un-desafio-en-la-crianza/







