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Higiene emocional

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Por Alison García
Psicóloga Clínica

La mayoría de nosotros crecimos aprendiendo sobre higiene física lo que se debía hacer para mantenernos aseados, sin embargo, hablar sobre la higiene emocional no era muy común, ya que no la denominábamos como aquello que mantiene en equilibrio nuestra mente y nuestro corazón.

La higiene emocional consiste en atender y cuidar nuestras emociones, en lugar de ignorarlas o esconderlas. Significa reconocer cuando algo nos duele, nos enoja o nos cansa, y darle un espacio para expresarse sin culpa. No se trata de ser felices todo el tiempo, sino de aprender a manejar lo que sentimos de forma sana.

Al igual que el polvo se acumula en una habitación con el paso de los días, las emociones también se acumulan cuando no las atendemos o no las queremos reconocer. Si no sacamos lo que sentimos, terminamos cargando con frustraciones, rencores o tristezas que pesan más de lo que imaginamos y termina siendo heridas nunca sanadas. Esa carga puede manifestarse como estrés, ansiedad o incluso malestar físico.

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Llevar a cabo la higiene emocional implica pequeños hábitos diarios y constantes:
• Hablar de lo que te pasa con alguien de confianza o escribirlo (comunicación en cualquiera de sus formas).
• Poner límites cuando algo o alguien te hace mal (incluso hacia ti mismo).
• Permitirte descansar y no exigirte tanto (el cuerpo se cansa cuídalo).
• Practicar el perdón, no para justificar, sino para liberar (el perdón es para uno mismo no para quién nos dañó).
• Hacer cosas que te reconecten contigo: caminar, leer, meditar o simplemente respirar profundo (cuidar de mismo siempre será necesario para recargar pilas).

También implica revisar lo que guardamos dentro y el por qué decidimos almacenarlo en vez de afrontarlo. A veces cargamos emociones que ya no nos pertenecen como esas culpas viejas, resentimientos, exigencias que otros nos impusieron quizá sin darse cuenta o por la expectativa que creamos de una imagen propia que hoy ya no tiene nada que ver con nosotros. Limpiar no siempre es fácil, pero cada emoción que soltamos deja espacio para el bienestar.

La higiene emocional es si bien una forma de amor propio que aporta a nosotros un bienestar emocional y natural ya que a veces se nos olvida que si nosotros no trabajamos en asear lo nuestro esto solo se acumula. Cuidar lo que sientes es tan importante como cuidar lo que comes o cómo luces. Porque una mente limpia de culpas, miedos y tensiones también se refleja en el cuerpo, en las relaciones y en la forma en que vemos la vida y entonces así solo es más fácil poder empezar a romper con patrones que nunca soltamos.

Así que la próxima vez que te sientas abrumada o cansada, haz una pausa y pregúntate: ¿qué necesito soltar hoy? A veces, limpiar por dentro es el primer paso para volver a sentirnos en paz, con nosotros mismos, con lo que nos rodea y con quienes nos relacionamos.

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