Por Jules García
*Donald Trump, Elon Musk y J.K. Rowling son algunas de las personalidades que alimentan la campaña de odio contra la boxeadora
Imane Khelif es una boxeadora de origen argelino que hace casi dos años ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París 2024, en la categoría de peso wélter (-66 kg) femenino. Desde entonces, Khelif quedó expuesta a una ola de ataques mediáticos y digitales, a partir a la insistencia (sin pruebas) de que se trata de una mujer trans, una narrativa que alimenta el hostigamiento en su contra.
Al momento de acusar a la boxeadora de ser biológicamente un hombre, o de poseer el cariotipo 46,XY, se han citado supuestos estudios genéticos, los cuales nunca fueron publicados o verificados, por lo que son incapaces de considerarse una fuente confiable.
Sin embargo, estas afirmaciones también sostienen una definición simplista de lo que es el sexo biológico, el cual, según varios autores no se limita únicamente a lo que dictan los cromosomas.


Diana Maffia, filosofa argentina, compiladora de Sexualidades Migrantes. Género y Transgénero, señala que:
“Cuando los genitales son ambiguos, no se revisa la idea de la naturaleza dual de los genitales sino que se disciplinan para que se ajusten al dogma.
Pero además del sexo anatómico, se supone que el sexo cromosómico también es dicotómico (XX o XY) ajustándose a la genitalidad. Nuevamente, cuando eso no ocurre, el dogma no se revisa. Las hormonas completan este menú biológico”
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Así que, más que responder a evidencia científica, este tipo de acusaciones refleja una insistencia en sostener una visión rígida y reduccionista del sexo, que desconoce la complejidad del desarrollo biológico humano. Esta perspectiva, además de errónea desde el punto de vista científico, también legitima discursos de odio que afectan la vida y la carrera de las personas señaladas.
A casi dos años de su victoria olímpica, Imane Khelif sigue enfrentando una campaña de desinformación y violencia mediática, que revela cómo el deporte de alto rendimiento puede convertirse en un escenario donde se reproducen prejuicios y estigmas sociales. Expertas y expertos en género y biología insisten en que la evidencia científica no respalda las afirmaciones sobre su sexo, y que lo que persiste es, en realidad, un problema de intolerancia y discriminación.
El caso de la boxeadora evidencia cómo la desinformación y los prejuicios pueden ensombrecer logros deportivos y afectar la vida de las personas. Reducir el sexo a una visión dicotómica invisibiliza la diversidad biológica existente. Es fundamental reconocer que los derechos humanos y la dignidad de cada persona son inviolables, y que reproducir discursos de odio constituye una forma de violencia social que debe ser cuestionada y combatida.








