Por Mariana Canseco
*Bailarines deben trabajar en su estabilidad emocional para no frustrarse, pues la danza es muy exigente
Uno de los perjuicios que tiene la danza es que quienes la practican y se apasionan con esta actividad, difícilmente van a estar satisfechos con sus movimientos, pues siempre se puede mejorar y lucir mejor; esto lo comentó Ana Paulina Franco, quien lleva 7 años bailando jazz y hip hop.
Nuestra entrevistada, que actualmente estudia psicología y dedica sus tiempos libres a su pasatiempo favorito, nos relató que ella inició en clases de baile a los 2 años de edad y practicó durante 4 años aproximadamente, pero por cuestiones personales dejó las clases.


Sin embargo, con el paso de los años recordó que esa actividad la hacía feliz, por lo que decidió retomarla a sus 15 años y hasta el momento no la ha abandonado; aquí señaló que cuando regresó a las clases sintió una gran frustración al ver que sus compañeras tenían más experiencia y por ende bailaban mejor.
“Lo que más me costó fue adaptarme porque como yo lo dejé por muchos años pues me sentía chiquita… sentía que yo no lo hacía tan bien como mis compañeras, me comparaba y me frustraba”, precisó.
No obstante, dijo que fue la perseverancia y la práctica lo que la ayudaron a no desistir, también el trabajo personal, ya que trabajó con su autoestima para que no le afectara el hecho de que sus compañeras tuvieran más experiencia.
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Nuestra entrevistada aseguró que cualquier persona que así lo desee puede aprender a bailar, sin importar que edad tenga, incluso cuando ‘tenga dos pies izquierdos’, mencionó que las habilidades se van desarrollando con la práctica.
Con su testimonio, nos compartió que lo más importante es la pasión con la que se baile y la confianza en uno mismo, lo demás se irá adquiriendo conforme realicen la actividad; para concluir dijo que ha participado en varias presentaciones en el Teatro Metropolitano y en el Teatro de la Ciudad.







