Por Monsetrrat García
*Gabriela Martínez y su familia mantienen vigente la elaboración de palmas para su comercialización con motivo del Domingo de Ramos
En el corazón de San Juan del Río, la tradición de las palmas para llevar a bendecir el Domingo de Ramos, como parte del inicio de la Semana Santa, sigue más viva que nunca gracias al trabajo de artesanos y artesanas como Gabriela Martínez, quien desde hace 14 años se dedica a la elaboración manual de estas piezas que forman parte esencial de la celebración religiosas.
Con habilidad y rapidez, Gabriela transforma las ramas de palma en figuras decorativas que, además de su valor simbólico, representan una fuente de ingreso para su familia. Una palma puede tomar alrededor de cinco minutos, después de años de práctica, explicó, mientras da forma a una de sus creaciones.
El trabajo no es individual. Como muchas tradiciones mexicanas, esta actividad se realiza en familia, donde cada integrante participa en alguna etapa del proceso. Esto permite una producción constante para atender la demanda que incrementa notablemente durante la Semana Santa.
Los precios de estas artesanías oscilan entre los 25 y 30 pesos, dependiendo del tamaño, lo que las convierte en una opción accesible para quienes buscan cumplir con la tradición del Domingo de Ramos. El material que utilizan proviene principalmente de los estados de México e Hidalgo, regiones donde también se produce la materia prima.
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Sin embargo, no todo es favorable. Gabriela señala que existe competencia desigual, ya que algunos vendedores foráneos no cubren costos como el derecho de piso, lo que les permite ofrecer precios más bajos. “Hay quienes respetan los acuerdos y otros no, eso sí nos afecta”, comenta.
A pesar de ello, la artesana reconoce que esta es la mejor temporada del año, gracias a la gran afluencia de personas en templos como las parroquias de San Juan Bautista y Santo Domingo, donde se concentran tanto habitantes locales como turistas.
Desde temprana hora, Gabriela y su familia se instalan viernes y sábado frente a la escuela primaria Sor Juana Inés de la Cruz, mientras que el domingo trasladan su venta a las iglesias mencionadas, aprovechando el flujo de fieles que acuden a las celebraciones religiosas.
Más allá de la venta, su trabajo representa la preservación de una tradición que se transmite de generación en generación, dando identidad y color a una de las fechas más importantes del calendario litúrgico.








