Por Mariana Canseco
*Empacar con dignidad es el trabajo de Daniel, un adulto mayor que no se rinde y no quiere quedarse sin propósito en la vida
Trabajar de empacador en los supermercados es de las pocas opciones laborales que tienen las personas de la tercera edad; por eso Daniel Fernández Ruiz lleva alrededor de tres años trabajando de cerillo.
En entrevista con el Pensador Queretano, Daniel compartió que trabajó toda su juventud y su adultez hasta que lo jubilaron y aunque recibe su pensión de adulto mayor no le alcanza para mantener la comodidad que le gusta.
“La pensión es mínima, si alcanza para comer pero no para vivir cómodamente… además de que estoy acostumbrado a estar activo y si me quedo en mi casa me deprimo”, precisó.
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Dijo que antes de entrar de empacador buscó otras alternativas pero ninguna empresa contrata a personas mayores; por eso optó por ese empleo, pues actualmente tiene 80 años de edad.
Aclaró que el súpermercado no le ofrece ningún sueldo, únicamente le presta el espacio para que él pueda ganarse unas monedas por meter en bolsas los productos que la gente compró.
Esto tiene un inconveniente y es que como la cooperación es voluntaria, muchas veces las personas no dan ni un peso aunque se les hayan puesto en bolsas varios productos.
“Yo no les puedo exigir a las personas que me den alguna propina porque es voluntario, pero esas son mis ganancias; yo no recibo sueldo como tal”.
Aunque aseguró que le gusta lo que hace, comentó que es cansado porque tiene que estar parado todo el tiempo y cuando termina su jornada le duelen los pies.
También dijo que trata con personas amables y groseras; aquí habló de la importancia de no permitir que la actitud de los demás afecte su estado de ánimo.
“Imagínate que yo me quedara triste o enojado porque algún cliente me hizo una mala cara o no me dejó alguna moneda, arruinaría mi día y ya no querría trabajar”.
Para concluir con la entrevista le preguntamos qué llamado le haría a las personas que no le dejan propina… nos respondió que tan solo pediría empatía y si no pueden cooperar económicamente al menos le dejen una sonrisa.







